Hoy voy a hablaros del miedo.

El miedo es un sentimiento como otros. Ha existido desde el inicio de la historia.

El miedo es una señal de alarma ante la percepción o intuición de un peligro o de una amenaza.

Las circunstancias actuales pueden favorecer su aparición. Estamos en tiempos de incertidumbre. No sabemos cuánto tiempo va a durar el confinamiento en nuestras casas, cómo va a ser nuestra vida después, cómo se resentirá nuestra economía, cómo nos relacionaremos con los otros, y un largo etcétera.

Nos angustia y nos atemorizan las noticias en los informativos sobre los fallecimientos por el coronavirus, los contagios diarios. Y nos da miedo que algún ser querido se infecte y fallezca. En definitiva, miedo a enfrentarnos a lo temido.

Son momentos de inseguridad que nos llevan a ver una realidad exterior distinta y a vivir unos sentimientos que surgen ante ella. Nos pone cara a cara con nuestra propia vulnerabilidad.

La intensidad del miedo es clave. Puede ir desde un sentimiento leve hasta lo insoportable, con reacciones defensivas, con rituales supersticiosos, con agresividad. El pánico llega a inmovilizar.

El miedo puede estar presente en cualquier estructura clínica. Produce cambios fisiológicos. Existen mecanismos cerebrales encargados de identificar y desencadenar estímulos amenazantes, de peligro. Una de las principales estructuras cerebrales que responde de este modo es la amígdala que está vinculada con el lóbulo frontal y ello permite también la inhibición de conductas.

En resumen, deciros que la amígdala es la zona del cerebro donde se procesa el miedo y cumple una función muy importante en las reacciones físicas que desencadena el miedo. Está muy relacionada con los procesos de estrés y ansiedad.

Como podréis apreciar, la mente y el cuerpo funcionan como si fueran vasos comunicantes, hay una estrecha relación entre ellos.

Tipos de miedos

A grandes rasgos, sintetizando bastante, aún a riesgo de simplificar un tema tan importante, podemos distinguir dos tipos de miedos:

  • 1) Miedo real: hay un peligro producido por algo exterior, es decir, hay un objeto concreto, como por ejemplo una catástrofe o una enfermedad grave. Es imposible nombrar todos los supuestos en los que se puede tener miedo.
  • 2) Un miedo más de índole neurótico, no en un sentido peyorativo sino clínico, es el que aparece ante un supuesto peligro anticipatorio: pensamientos, ideas, creencias…, que nos angustian, que nos hacen sufrir. El miedo puede conectar con sentimientos anteriores, catalizar recuerdos, experiencias que no necesariamente sean conscientes en ese momento. A veces se desencadena por un motivo insignificante, un detalle que aparentemente no justifica su aparición. Es una experiencia, en este caso, subjetiva. Hay una sensación de desprotección ante un peligro real o imaginario.

¿Quién no recuerda los miedos de la infancia? El hombre del saco, los vampiros, las brujas, los fantasmas, la oscuridad, un ruido en el silencio de la noche…, donde lo real y lo imaginario hacían mella en nosotros como si fuésemos una diana.

¿Qué consecuencias negativas puede tener el miedo?

El miedo es una emoción que provoca, a veces, actitudes y limitaciones drásticas. Empobrece, ya que puede no permitirnos acceder a experiencias nuevas, realizar nuestra vida cotidiana habitual, interferir en nuestras relaciones sociales.

El miedo fractura la confianza en nosotros mismos.

Cuando no están bien integrados, digeridos, pueden provocar fobias, como miedo al subir en un ascensor, volar, estar en espacios pequeños, o al contrario, muy amplios y con mucha gente.

La fobia es un rechazo o temor intenso de tipo irracional y desproporcionado ante situaciones concretas y pueden provocar las siguientes respuestas:

Fisiológicas: dolor de cabeza, diarreas, taquicardias. Aparecen somatizaciones, transformando la tensión emocional en manifestaciones corporales. El cuerpo también tiene su propio lenguaje.

Cognitivas y emocionales: pensamientos anticipatorios sobre lo que puede pasar. Angustia y miedo a que ocurra lo temido e incluso catalizando recuerdos angustiosos.

¿Cómo hacer frente al miedo?

Hay que saber que, hasta las personas más valientes o fuertes, sienten miedo en los momentos cruciales.

El problema no es sentir miedo sino ser presa de él, no poder gestionarlo y que pueda convertirse en pánico. Recordemos los cuentos clásicos como caperucita roja y el lobo, los tres cerditos, Blanca Nieves y la madrastra…

Aquí los protagonistas se enfrentan al peligro con éxito, aunque no sin su dosis de angustia y miedo. Son buenos modelos de identificación, nos enseñan que el miedo puede ser vencido, superado.

Aquí la valiente es la persona que, sintiendo miedo, lo enfrenta, lo resuelve.

Los padres y los educadores tienen una labor muy importante en ayudar al niño a afrontar el miedo. Deben saber escuchar, prestar apoyo, mostrar empatía, fortalecer la autoestima dándoles seguridad, comprensión, afecto.

Pueden ayudarle a dar sentido al miedo con juegos, con cuentos, hablando… con su actitud contribuyen al desarrollo de su personalidad y esto no deja de ser una gran responsabilidad.

Es importante escuchar nuestros miedos con cierta perspectiva, intentando también descubrir qué representaciones internas, qué emociones o pensamientos, despiertan o esconden, qué lugar ocupamos en esos miedos y de qué forma conectamos con ellos. Poder ubicarlo en nuestra historia personal, desenmascarar las razones subjetivas que nos atan como un hilo invisible con esas manifestaciones temidas, ya que el miedo también informa de cómo vemos el mundo, de nuestro universo más íntimo y secreto, a veces rechazado porque escapa a la lógica de la razón.

Podemos arrojar luz sobre cómo se apropia e interioriza el mundo que nos rodea, aunque lo que percibimos como amenazante lo atribuyamos al exterior.

El miedo pues, no solo sirve de alarma ante un peligro real, también puede aportarnos algo positivo si nos ayuda a comprendernos y sentirnos luego mejor.

El ser humano siempre ha querido encontrar un sentido a su existencia, ha utilizado varias vías: la religión, la meditación, la filosofía… pero incluso en esa ansiada búsqueda de sentido, el miedo tiene una función importante ya que la información que podemos desvelar y la reconciliación con nuestros temores, puede aportarnos serenidad y una visión más amplia de nosotros mismos y de la vida. En definitiva, nos permite encontrar sentido a nuestro destino.

Concha Porta

Colaboradora del INyS

Psicóloga clínica del balneario Hervideros de Cofrente