En los últimos años se ha observado una avalancha de noticias relacionadas con este nuevo fenómeno que cada vez es más visible y que parece muy alarmante, el denominado acoso escolar o como también se conoce con su término en inglés Bullying.

¿Es nuevo este fenómeno? ¿Se está ante una epidemia con este problema? ¿Están los niños y niñas a salvo en los centros educativos?

Todas estas preguntas y muchas más aparecen con mucha urgencia en esta época, potenciadas como ya se ha mencionado por las frecuentes noticias en prensa y el trágico resultado con el que suelen finalizar. Pero la respuesta a estas preguntas debe hacerse con cautela, ya que no es bullying todas las situaciones difíciles que suceden en un colegio o instituto.

Cuando se habla de Bullying o acoso escolar, se está haciendo referencia a un problema MUY GRAVE y que tiene unas repercusiones demoledoras para la persona que lo sufre, por eso hay que tener muy claro cuando estamos ante este tipo de problema (y cuando no).

Para diferenciar este tipo de violencia de otros problemas que suceden en los centros escolares, habría que definir previamente este concepto y sobre todo señalar las características específicas del mismo.

Según la UNESCO “un alumno es objeto del bullying o acoso, cuando está expuesto continuamente a conductas agresivas que buscan infligirle lesiones o molestias mediante el contacto físico, los insultos, la agresión o la manipulación psicológica. El acoso entraña un desequilibrio de poder y puede comprender las bromas, los insultos, el uso de apodos ofensivos, la violencia física o la marginación social. Un acosador puede actuar solo o concertado con otros condiscípulos”.

De esta definición se pueden extraer las siguientes características:

  1. Existe un daño intencional hacia la víctima y realizar ese daño es el objetivo último de la persona agresora. Esto descarta de la categoría de bullying todos aquellos casos donde un chico o chica recibe una broma del “gracioso de la clase” y que lo hace abiertamente, sin intención de dañar directamente, a la vez que otros compañeros/as también reciben bromas parecidas de la misma persona.

Es cierto que aunque no exista intención de hacer daño, se sigue tratando de una conducta violenta, pero debe tener un tratamiento distinto al acoso escolar.

  1. El acoso es permanente y duradero en el tiempo. Esto también descarta todos los casos de peleas y mal ambiente que se ha producido a corto plazo y que se resuelve en cuestión de días o semanas.
  2. Hay un desequilibrio de fuerzas, lo que hace que la víctima no vea salida a esa situación y tienda a mantener en silencio lo que está ocurriendo. Esta desigualdad en el conflicto hace también que la víctima desarrolle sentimientos de indefensión y culpa que lo incapacita a la hora de afrontar los problemas que está viviendo. Hay que tener en cuenta también que esa desigualdad de poder no solo atiende a poder físico, sino también psicológico o social, por lo que la víctima siempre estará en clara desventaja.
  3. Es una situación oculta para los adultos. Y esto es lo que mantiene el problema durante tanto tiempo. Es ocultado por parte de la víctima porque piensa que nadie le puede ayudar y porque tiene miedo que se complique aún más si habla. Es oculto por los espectadores porque tienen miedo de hablar y convertirse en nuevas víctimas. Y es oculto por la persona agresora porque sabe que lo que está haciendo está mal y va a hacer todo lo posible para que nadie se entere.

Una vez delimitado el problema hay que tener en cuenta que, como en casi todas las situaciones donde mediáticamente se da una importancia a algo, de repente ese problema cobra una relevancia social de urgencia, apareciendo innumerables casos relacionados, aunque muchas veces, esos casos llegan a estar mal diagnosticados o categorizados como bullying.

Teniendo en cuenta esto, tan importante es identificar los casos de menores que están sufriendo bullying como los casos mal definidos como tal, ya que se puede ocasionar un daño a estos chicos y chicas que no le corresponde. Como ejemplo sirve cuando un menor que ha tenido un conflicto con un igual y que al denunciarlo a progenitores o profesorado se activa erróneamente el protocolo de bullying del centro educativo, se puede llegar a victimizar realmente al menor dando una gravedad excesiva a lo sucedido –apareciendo unas secuelas emocionales innecesarias-  a la vez que no se le permite desarrollar las habilidades adecuadas para afrontar un conflicto al que podría haber hecho frente.

Pero cuando si se está ante un caso de acoso escolar, es de vital importancia la detección temprana de este problema. A continuación se especifican algunas de las señales que indican que pueden estar existiendo problemas en el centro escolar y por lo tanto se debe indagar más sobre lo que está pasando:

  1. Aparecen conductas de miedo, huida y evitación. Se comienza a observar que falta a clase, se pone muy nervioso a la hora de ir a centro educativo, espera que no haya nadie para entrar o salir del centro, escoge rutas ilógicas para ir o venir del colegio…
  2. Se observa un estado emocional depresivo. Llora sin motivo, tiene un humor inestable, a veces se muestra excesivamente irritado en relación con un hecho insignificante, somatiza (dolor de cabeza, de estómago).
  3. Presenta conductas de ansiedad que dan la imagen de inseguridad. Nerviosismo, angustia, pesadillas, se aísla de sus compañeros/as, se observa baja autoestima.
  4. Se comienzan a tener problemas en las relaciones sociales. Tiende a aislarse, pasa mucho más tiempo en casa que antes, busca amigos de menor edad, no le invitan a cumpleaños.
  5. Aparece un descenso en el rendimiento académico, problemas en la atención, perdida de interés por todo lo relacionado con la escuela.
  6. Otros indicadores pueden ser que pide dinero sin decir para que lo necesita, coge dinero para saldar deudas que no existen, presenta señales de agresión física como ropa rota, su material académico está estropeado o lo pierde con frecuencia y no dice por qué se siente mal.

Una vez detectados estos posibles síntomas de acoso, padres y madres deberán intentar aclarar con el hijo o hija qué está ocurriendo. Una vez que se tiene claro que la situación puede llegar a ser preocupante, lo más importante es la ayuda emocional que se pueda ofrecer y eso consiste en hacerle sentir que está seguro/a y valorado/a, tratando de eliminar los sentimientos de culpa. Puede ser bastante útil preguntar por lo que ha intentado hacer ya y planificar de manera conjunta las estrategias para actuar, de modo que se sienta partícipe de la solución del problema.

Hay cosas que no funcionarán y que por lo tanto habría que evitar, como por ejemplo decirle que lo intente solucionar solo (si pudiera, lo hubiese hecho ya); fomentar la agresividad o la venganza; culpar al colegio y decirle que hable con el profesor, ya que es más recomendable buscar a la persona que ofrezca mayor confianza y confidencialidad.

Cuando se tiene noticia de algo así, habitualmente aparece una reacción emocional bastante intensa –miedo, indefensión, impotencia y rabia- son los sentimientos más frecuentes que invaden a progenitores. Pero incluso en esta situación hay que mantener la calma para dar todos los pasos necesarios, tanto cuando se habla con el centro educativo como con los padres de los posibles agresores/as. Además es recomendable realizar un diario con todos los pasos que se van dando desde que se conoce la noticia, donde se recoja todas las circunstancias e indicios de la victimización del hijo o hija, fechas, quien lo ha contado, con quién se ha hablado… esto puede llegar a ser muy útil en el caso que se tenga que denunciar la situación a la justicia. Acumular pruebas que demuestren ese acoso también es recomendable (copias de conversaciones de WhatsApp, mensajes en redes sociales o cualquier otro).

Hay que tener en cuenta que todos los centros educativos están obligados a investigar cualquier situación de las que sean conocedores en la que existe un posible acoso entre su alumnado. Se puede consultar el protocolo de acoso escolar en Andalucía en el siguiente enlace PROTOCOLO DE ACTUACIÓN EN SUPUESTOS DE ACOSO ESCOLAR