Ya casi está llegando
Con su mejor noticia
Con puños con ojeras
Con noches y con días
Con una estrella pobre
Sin nombre todavía
Lento pero viene
El futuro real
El mismo que inventamos
Benedetti

 

LA IMAGEN

Empecemos con un ejercicio.

Busca en tu casa un espejo de esos que se llaman “de cuerpo entero”. Ponte delante de él. Mira detenidamente la imagen que te devuelve. Cambia el chip por unos minutos y finge que no la conoces, que no sabes nada de ella.

Mírala detenidamente. ¿Qué ves? Describe lo que ves.

Y ahora, haz otro pequeño esfuerzo, crea una historia. Una historia inspirada en lo que ves en el espejo. Lo que se te ocurra, déjate llevar por la imaginación.

¿Ya estás en ello? ¿Lo has conseguido?

¡¡¡Bien!!!  Entonces contesta a esta pregunta ¿te gusta lo que ves? ¿Te atrae la historia a la que te ha llevado esa imagen?

Escribe:

¿No te gusta lo que trasmite esa imagen? ¿Qué cambiarías? ¿Por qué? Intenta ese cambio, sólo son unos minutos. Haz que la imagen vaya transformándose en aquello que la moldea hacia lo que tu quieres: una sonrisa, un movimiento de cabeza, una espalda más erguida, o quizá más relajada… Mira, mira, y cambia.

¿Por qué he de hacer este ejercicio? ¿Para qué sirve?

Me atrevo a afirmar que todos hemos pasado por una experiencia parecida a esta:

Nos presentan a alguien en una reunión, en una fiesta, en el trabajo… y sin que haya abierto la boca, se nos cruza un pensamiento que en ocasiones no somos ni conscientes de él: “Qué antipática parece”, “me cae mal”.  Incluso si más adelante, por los motivos que sea, mantenemos el contacto, acabamos confesándole: sabes, cuando te conocí, me caíste mal”.

¿Por qué? ¿Ni tan siquiera había hablado. Era algo que transmitía… ¿qué?, dime ¿qué? pues …. ¿su imagen?

¡Eso es! Un gesto, una forma de vestir, una mano rígida, un movimiento… algo, algo, te transmitió ese rechazo.

Para lo que sirve este ejercicio es para comprender qué imagen das a los demás, si es la que te gusta dar, qué transmites, y si forma parte de que estés donde estás en estos momentos.

Pero lo más importante es que te dice si te gusta a ti. Si esa es la persona con quien quieres compartir el resto de tu vida. Si esa imagen reflejada responde a tus deseos de cambio, de ese click.

Y mientras reflexionas sobre todo esto …. ¡ya estás dedicándote unos minutos! ¡Ya estás dando un paso hacia tu cuidado personal! En ese margen de tiempo no ha existido nadie nada más que tú, tú y la imagen del espejo. ¿Desde cuándo no ocurría algo así?

Haz este ejercicio cada día. No te quejes, no es tanto, únicamente unos minutos, tres, cuatro, cinco.¿Sabes cuántos minutos tiene el día? 1440. ¡Únicamente te estás dedicando cinco minutos de esos 1440!

Este ejercicio es muy sencillo pero no por ello menos valioso. Te permite centrarte en ti, “mirarte” y reflexionar sobre qué cambios tienes que empezar a hacer para permitirte ese giro hacia tu persona.

Por supuesto, no se trata de abandonar a los tuyos, dejarles de prestar atención, olvidarte de tu función como madre, padre, pareja, hijo, hija, hermano, hermana, compañeros, amigos, si los tienes,….. todo eso y todos ellos, forman parte de ti, siempre.

Lo único que pretende es acaparar tu atención para que mires hacia dentro y así puedas mirar hacia fuera.

¡Cuantas veces has oído “el rostro es el espejo del alma”, pues bien, este ejercicio sirve para que te preguntes “¿qué alma refleja mi rostro?”

Y ya puestos, con el ejercicio hecho varios días, es el momento de convertirlo en parte de tu vida. Cómprate una libreta pequeña, de esas que caben en un bolso, un bolsillo de la chaqueta o del pantalón… A ser posible, esas que las hojas se dividen por grupos de colores o tienen separadores. Apunta en el primer color: IMAGEN E HISTORIA.  Y cada día escribe en no más de cinco minutos la historia de la imagen de ese día. Luego te preguntas ¿quiero que sea así? ¿qué puedo cambiar? Y una vez hecho el cambio, vuelve al espejo y escribe esa nueva historia.

 ¿Y ya está?

No, no, por supuesto que no. Estamos en el primer escalón de una escalera con bastantes peldaños de diferentes alturas y diferentes anchuras.

 Vayamos al siguiente escalón.

 

Puedes leer los post anteriores en cuidado personal (parte I) y cuidado personal (parte II)