LA SOLEDAD

Hola a todos.

Ahora, con la pandemia, estamos viviendo la necesidad de quedarnos en casa, de aislarnos y prescindir de las relaciones sociales, laborales, familiares… Los hay que viven solos y tienen que pasar estos días aislados de cualquier otra persona.

Por eso me gustaría que diferenciáramos entre SOLEDAD y SENTIRSE SOLO.

La soledad y el sentirse solo.

Sentirte solo es un sentimiento de falta. Es sentir la ausencia de reconocimiento de otros, de seres queridos, de amigos, compañeros, conocidos. Somos seres sociales y necesitamos relacionarnos. Necesitamos sentir que formamos parte de un grupo, “que pertenecemos a”, son nuestros puntos de referencia que es lo que nos permite tomar conciencia de que “existimos” en la medida que “existimos para los otros”.

Pero la soledad no significa obligatoriamente estar separado de los otros, podemos estar solos físicamente y no tener sensación de soledad y sin embargo podemos sentirnos solos estando rodeados de gente. Parece una paradoja, ¿verdad?

La soledad no es excluir al otro, no significa crear una brecha, levantar un muro entre nosotros y el resto de las personas. Cada uno, en ese espacio de soledad propia puede construir un espacio interno de diálogo que luego puede llevar a su encuentro con los demás y enriquecerlos.

Hay una soledad existencial, intrínseca al ser humano y que no podemos evitar y es bueno que sepamos relacionarnos con ella, ya que va a determinar nuestra capacidad de sentirnos bien en la vida.

Es muy importante haber asumido esa soledad fundamental que tenemos todo ser humano, ya que es inherente al hecho de existir.

La vida es una experiencia individual y en el camino nos encontramos con seres queridos como son los hijos, los nietos, la familia en general, los amigos…., personas con las que compartir experiencias afectivas, laborales, lúdicas…

La soledad no es, por tanto, una enfermedad a combatir. Saber estar solo es algo que se puede aprender.

Es soportar el sentimiento de soledad; aprender a estar bien con uno mismo.

No siempre es fácil, lo sé.

Lo que nos permite estar a solas es la capacidad de separarnos de las cosas sin sufrimiento, o sin más del necesario, es conseguir cierta paz y tranquilidad, estar y sentirnos bien con nosotros mismos.

La soledad es una experiencia que también aporta bienestar.

Es curioso que este aislamiento que nos toca vivir ocurra en una época de globalización, con internet, las redes sociales… donde se vive conectado con los otros a toda hora.

Esto hace que haya gente que no esté acostumbrada a estar sola, o que, debido a que no sabe estar sola, esté siempre conectada a redes sociales.

A solas, puede establecer contactos sociales para salir del aislamiento o no caer en él, y esto puede conducir a que se implique en relaciones que cuando fracasan, aumentan el sentimiento de soledad.

Ahora nos encontramos en una situación especial, diferente.

Hay que aislarse, es una “soledad” impuesta y autoimpuesta por responsabilidad personal y solidaria con los demás. Es un aislamiento transitorio, ya que hay un factor tiempo que va a determinar su duración.

Se ha producido un cambio radical y brusco en nuestras vidas, y como ante cualquier cambio, tenemos que hacer un proceso de adaptación al cambio.

Es inevitable tener algún momento de bajón, con cierta nostalgia, valorando esos encuentros de antes como el abrazo o el poder escuchar al lado la voz de las personas queridas que ahora están a distancia.

Pensemos en positivo: ¿qué podemos hacer?

-No te juzgues por lo que sientes. Habla sobre ello, compártelo con tu familia, un amigo cercano, alguien con quien te lleves bien y te sientas a gusto.

 La soledad positiva no excluye al otro, porque lo que cuenta es la intensidad y la satisfacción en esa relación. ¡Toma la iniciativa!

-Es importante llamar a la familia, al amigo, a esa persona que aprecias y establecer o intensificar esa relación. No te aísles, aunque lo estás físicamente por necesidad, acepta el momento, más allá de la preocupación objetiva y razonable de la realidad actual, que todos estamos viviendo, ya que podemos encontrar cosas positivas.

Puede ser una oportunidad, una puesta a la introspección, un acercarnos a nosotros mismos, un aprender a convivir con nosotros mismos.

-Analiza los problemas o preocupaciones de antes con perspectiva, con calma y descubrir que quizás antes nos quejábamos demasiado. Ahora vemos mucha gente volcada en ayudar a los demás: sanitarios, tenderos, farmacéuticos y tantos otros que permiten que tengamos lo básico y necesario, muchas veces corriendo riesgos para ellos mismos.

-Reflexiona sobre lo que te hace feliz y lo que te genera malestar. Es bueno descubrir nuestros sentimientos, escucharlos con serenidad, relativizando y viendo lo que tienen de bueno. Y ello puede ayudar a crecer como personas.

-Utiliza el aislamiento-soledad a tu favor y no al revés, que no te domine o tiranice sino que seas tu quien aproveche lo que hay de bueno en ello. Este podría ser tu reto, nuestro reto diario.

Estos días nos bombardean con sugerencias de cosas a hacer. Pues bien, podemos escucharlas y seleccionar las que son mejores.

Yo también quiero sugerir cosas:

-Selecciona un medio de información, el que tu quieras, el que sueles ver o leer normalmente y ve las noticias una vez al día.

-Mantener la higiene diaria y establecer para ello una rutina. Es un modo de cuidarnos y querernos.

-Darse tiempo para hacer lo que nos gusta, ocupando el tiempo de modo gratificante y saludable mejora nuestro estado de ánimo.

Se puede confeccionar una lista de actividades esenciales y lúdicas: recetas de cocina, dibujo, lectura, manualidades, películas….

-Y muy importante: “Hacer una tabla de gimnasia” adecuada a la edad y condición física. Ello ayuda a nuestra salud física y emocional. Ya cuando termine esta etapa.

¿Por qué una tabla de gimnasia? Pues porque también puede ayudarnos a desconectar de preocupaciones. El ejercicio genera en nuestro cuerpo una serie de hormonas que nos ayudan a mantener un estado de ánimo positivo.

El deporte actúa sobre el sistema nervioso central. Genera endorfinas que son capaces de inducirnos a una sensación de relajación y bienestar.

El ejercicio también puede retrasar, mejorar determinadas enfermedades como son la artrosis, la hipertensión arterial o la obesidad, entre otras. Mejora el sistema inmunológico, tan necesario ahora.

No debemos olvidar que la vida sedentaria es un gran enemigo de la salud.

En esta etapa, las personas de avanzada edad son quizá quienes están en una de las situaciones más vulnerables. NO quiero despedirme sin hacer mi pequeño homenaje a ellos. Y especialmente a quienes están solos.

Hay culturas, como ocurre en oriente, donde las personas mayores representan la sabiduría y ocupan un lugar de valor en la sociedad.

Aquí en España, con la crisis del 2008, fueron el apoyo, el sostén de muchas familias que se quedaron sin recursos económicos. Ellos estuvieron ayudando con sus pensiones, cuidando de los nietos, y dando ánimo a los jóvenes.

Ahora son unas de las personas de mayor riesgo, por eso pido a todos que los tengamos presentes con nuestra atención y reconocimiento, con nuestro amor.

Concha Porta

Colaboradora del INyS

Psicóloga clínica del balneario Hervideros de Cofrente