¿Cuántas veces hemos oído decir de alguien o incluso nosotros mismos hemos llegado a pensar que eso de ir al psicólogo sólo es para “locos” o personas “débiles”? Seguro que más de una vez…y es que aunque es cierto que en los últimos tiempos se ha producido un avance en esta forma de pensar, aún sigue existiendo esa inquietud a la hora de decidir pedir ayuda psicológica, y en el caso de decidir dar el paso, sigue habiendo una tendencia en muchos a casos a ocultarlo ante nuestros familiares y conocidos…y es que… ¿qué van a pensar de mí?

Estigma en Salud Mental

Cuando hablamos de salud mental ¿a qué nos referimos exactamente? La OMS la define como «El estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». La salud mental en muchas ocasiones se encuentra ligada a otra palabra que también resuena en nuestra sociedad, y esa palabra es: estigma; pero ¿qué entendemos por estigma? Se dice de todas aquellas actitudes o creencias que llevan a las personas a evitar o rechazar a aquellos que perciben distintos. Además, podríamos hablar tanto de estigma público como de autoestigma, refiriéndonos con el primero, a creencias o actitudes que tiene el público general en relación a personas con problemas de salud mental o hacia sus familiares, y haciendo referencia en el segundo caso, a la propia actitud del individuo que cree las ideas falsas que tiene la sociedad acerca de la salud mental.
Esa asociación surgida entre salud mental y estigma, es la que hace que en muchas ocasiones algunas personas se resistan a acudir a la consulta de un psicólogo o intenten evitarla hasta tenerla como última alternativa. Sin embargo… ¿para qué vamos a esperar llegar a ese límite que en muchos casos alcanza la desesperación?

En algunas de las investigaciones que se han llevado a cabo para estudiar el fenómeno de la estigmatización en salud mental, se han arrojado algunos datos como que tanto mujeres como hombres cuando tienen problemas psicológicos, tienden a buscar la ayuda en familiares y amigos o en la automedicación, en vez de buscarla en ayuda profesional, debido entre otras razones, al pensamiento de que van a ser juzgadas y eso les hace sentir vergüenza, principalmente en las primeras, y en el caso de los hombres, la vergüenza de parecer y sentirse “débiles” o pensar en las posibles repercusiones que podrían suponer en sus puestos de trabajo o entre sus propios compañeros, el hecho de que se enterasen que está asistiendo a terapia psicológica. Sin embargo, se ha visto que no ocurre lo mismo con los hijos, y es que la mayor parte de padres, no han dudado en pedir ayuda psicológica o psiquiátrica profesional cuando son sus hijos quienes presentan el problema.

Cuando se hace referencia a la salud mental, no hablamos únicamente de los trastornos graves, sino que a consulta también llegan en gran proporción otro tipo de problemas muy comúnes en la sociedad que de alguna forma están privando a la persona de lograr el bienestar en sus vidas: personas que quieren mejorar sus habilidades sociales porque tienen dificultades para relacionarse, que quieren aumentar su autoestima, mejorar su “higiene del sueño”, que piden consejo para educar a sus hijos…y en definitiva para cualquier problema que cada uno de nosotros podemos encontrar a lo largo de nuestras vidas. Muchas personas que deciden solicitar ayuda psicológica pueden tener un funcionamiento adecuado en su día a día, y sin embargo, toman esa decisión porque quieren mejorar, decidir o cambiar algo en sus vidas que no está funcionando del todo bien.

Salud Física vs Salud Mental

A diferencia de la salud mental, la salud física no cuenta con ese problema estigmatizador, y es que, la gente no tiene reparo en admitir que ha ido a su médico porque siente algún tipo de malestar físico que le está impidiendo alcanzar ese bienestar deseado. En raras ocasiones alguien ocultará o pedirá ayuda a sus familiares o amigos si tiene algún problema en la rodilla por miedo al qué dirán…Es más, tendemos a alardear de nuestro buen estado físico, hacemos dietas, entrenamos nuestro cuerpo en el gimnasio… ¿Pero acaso podemos alcanzar el bienestar únicamente con una buena salud física? Es cierto que este es un factor importante para lograr también un buen estado mental, pero no es suficiente… y es que, ¿de qué forma entrenamos nuestra mente? ¿Quién es nuestro “entrenador personal” cuando necesitamos cambios en ella?

Si estás notando que algo no está marchando bien, no hay tiempo que perder para ponerte a trabajar en ello; es hora de buscar soluciones y aprovechar la ayuda que los profesionales te ofrecen, ya que no hay que olvidar que al fin y al cabo, el sentimiento de bienestar en nuestras vidas va a depender tanto de factores externos e incontrolables, como de nosotros mismos y de nuestra actitud, así que… ¿¿a qué esperas para construir tu propia felicidad??