Un momento transcendente en la vida de una pareja es aquel en el que deciden ser padres. Ese momento, en el que se sienten preparados para afrontar la responsabilidad de la maternidad/paternidad y, además, desean con todas sus fuerzas vivir la experiencia de tener un hijo y de que la vida les cambie para siempre.

En algunas parejas, a pesar de que han decido que es el momento y se han orientado hacia la consecución de un embarazo, el deseado cambio no llega. Al principio, resultará relativamente fácil de asumir, “no pasa nada”, “es pronto”, “ya llegará”, “algunas parejas tardan más”. No obstante, si los meses siguen pasando y, no ocurre nada nuevo, será inevitable que surja una cierta inquietud o, dependiendo de las características personales, una considerable preocupación.

El tiempo sigue su curso y, posiblemente, llegará información de amigos, vecinos, compañeros de trabajo o familiares que sí lo han conseguido y pueden dar la deseada noticia: ¡Estamos esperando un bebé! Es fácil, en este caso, que lo que es motivo de alegría para los que dan la primicia se convierta en motivo de frustración e impotencia para los que la reciben.  Sin lugar a dudas, en estas circunstancias, cada nuevo embarazo, cada nacimiento, llevará a que esa preocupación se haga más intensa y resuene con más fuerza en la cabeza de los que desean ser padres y no lo consiguen, ¿Por qué nosotros no?

La cosa no queda ahí. Seguramente, los familiares y los amigos con todo su cariño, ajenos a esta preocupación y al sufrimiento que la acompaña, en algún momento preguntarán: ¿Y vosotros para cuándo? Otra expresión que seguirá retumbando durante mucho tiempo en la cabeza de los que esperan y les pondrá en contacto con la incertidumbre que viven y que cada vez es mayor.

Cada mes, las emociones irán fluctuando como en una montaña rusa, cada nuevo ciclo, probablemente irá acompañado de ilusiones renovadas y de un tiempo de tregua para la esperanza.  No obstante, en las parejas de las que hablamos, el final del ciclo menstrual traerá de nuevo decepción, rabia y tristeza por la pérdida de aquello que tanto se desea y sigue sin llegar.

Después de un tiempo, unas parejas acudirán al médico con la intención de resolver sus dudas. Otras parejas, puede que retrasen un poco más esta visita ante el miedo que les genera la respuesta a su pregunta, ¿Por qué nosotros no?

En un caso o en otro, si tras un año de relaciones sexuales constantes no se ha producido el embarazo, técnicamente, estas parejas serán consideradas infértiles. Es importante aclarar que este término no significa que sean incapaces de concebir un hijo, sino que tienen problemas de fertilidad.  No obstante, el impacto emocional de esta palabra y de todo lo que este término implica será un reto importante para abordar como pareja.

El tiempo sigue avanzando, seguramente ya hace un año o más que existe el deseo de ser padres, probablemente con el tiempo, el deseo se ha hecho más fuerte, y también, los miedos, la incertidumbre y la frustración.

Empieza una nueva etapa, la fase de diagnóstico. Averiguar cuáles son las causas de la infertilidad será el primer objetivo. Para ello, será necesario que tanto el hombre como la mujer se sometan a distintas pruebas diagnósticas. En algunos casos el proceso será más corto, en otros más largo, pero sin duda, la rutina cotidiana se verá alterada por continuas visitas médicas y por la incertidumbre del diagnóstico.

Tras esta fase, llegará el deseado, pero también temido diagnóstico. Dependiendo del tipo de infertilidad (causas), de las características del tratamiento y de diferentes variables personales, el impacto emocional en la pareja será mayor o menor.

A pesar del tiempo transcurrido, de las pruebas de exploración realizadas y de la montaña rusa de emociones que se han vivido hasta el momento, ahora es cuando de verdad empieza todo. Empieza la etapa de tratamiento. La incertidumbre será su compañera. Sin duda, la pareja se enfrenta a un importante estresor vital, a una carrera de fondo en la que tendrán que abordar distintos retos y tomar muchas decisiones. Durante el proceso, las emociones serán intensas y estarán en constante evolución. Sus expectativas, sus fuerzas y sus recursos de afrontamiento también se irán modificando a lo largo del tiempo.

¿Qué sabemos sobre infertilidad y desajuste emocional?

  • Aproximadamente el 17% de las parejas españolas tienen problemas de fertilidad, es decir, 1 de cada 6 parejas.
  • Este problema afecta por igual a hombres y mujeres. Según los especialistas, el 40% de los casos de infertilidad se deben a problemas masculinos, otro 40% a femeninos y el 20% a causas mixtas o desconocidas.
  • Las personas con infertilidad no constituyen un grupo homogéneo. Variables personales, sociodemográficas y médicas modulan el impacto emocional del diagnóstico y las consecuencias de la infertilidad.
  • Algunas parejas se adaptan bien al diagnóstico y a los tratamientos de reproducción asistida, no presentan alteraciones emocionales relevantes y los afrontan exitosamente. Otras parejas, por el contrario, experimentan reacciones emocionales intensas y limitantes.
  • El impacto emocional del diagnóstico de infertilidad es diferente entre hombres y mujeres. Los hombres muestran mayor afectación cuando el diagnóstico es de causa masculina mientras que las reacciones femeninas no dependen tanto de la etiología de la enfermedad.
  • El impacto emocional de los tratamientos de fertilidad es diferente entre hombres y mujeres. Los hombres mantienen mejores niveles de equilibrio emocional durante el proceso, mientras que las mujeres presentan una mayor prevalencia de sintomatología ansiosa y depresiva.
  • Las reacciones y el estado emocional de las parejas evolucionan en función de la fase en la que se encuentren (pre-diagnóstico, diagnóstico o tratamiento) y de los ciclos de tratamiento a los que se someten.
  • La evolución de las alteraciones emocionales está determinada, al menos en parte, por la propia evolución de los tratamientos.
  • El motivo más frecuente para finalizar el tratamiento de la infertilidad es la carga psicológica que este supone.
  • Los procesos de estrés, ansiedad y depresión pueden contribuir a la infertilidad funcional, y también a la inversa, un problema de infertilidad fisiológica puede llevar a graves problemas de ansiedad y depresión, y problemas de pareja.
  • Algunos estudios indican un alto porcentaje de cuadros depresivos y de ansiedad en parejas que acuden a Unidades de Reproducción Asistida. Según la Sociedad Española de Fertilidad, entre el 25% y el 65%de los pacientes sometidos a tratamientos de reproducción asistida registran en algún momento síntomas como ansiedad, depresión, desesperanza, culpabilidad o baja autoestima.

ASÍ PUES ….

La mayoría de las parejas con problemas de fertilidad consideran esta circunstancia y su tratamiento como una de las experiencias más estresantes y dolorosas de su vida.

El estrés y la fertilidad son dos factores muy relacionados y, su relación funciona en los dos sentidos. La dificultad de la pareja para concebir un hijo se convierte en una fuente de estrés, pero también, al contrario: el estrés influye negativamente en la capacidad reproductiva de la pareja.

Sabemos que gestionar adecuadamente las emociones y el estrés asociados al tratamiento de la infertilidad favorecerá una vivencia más positiva del proceso y puede influir favorablemente en las probabilidades de concepción.

¿POR QUÉ SOLICITAR AYUDA PSICOLÓGICA?

La intensidad de las emociones será variable en cada persona y en cada pareja. En algunos casos simplemente serán reacciones emocionales normales ante un estresor, en otros casos se pueden hacer más intensas y limitantes hasta llegar a alcanzar la categoría de alteración clínica, generalmente trastornos de ansiedad y depresión.

Como hemos visto, la forma en que cada persona se va a ver afectada emocionalmente por un problema de fertilidad será diferente y dependerá de muchas variables (estabilidad emocional previa, tipo de diagnóstico, pronóstico, respuesta a los tratamientos). Las estrategias con las que cada persona se enfrente al problema serán determinantes a lo largo de todo el proceso. En aquellos casos en los que los recursos personales para afrontar la situación son insuficientes y, uno o ambos miembros de la pareja se sienten sobrepasados por la situación, una intervención psicoterapéutica puede ayudar a retomar el control.

El terapeuta ayuda a la pareja, a él y a ella. Con la pareja trabajará para mejorar la comunicación y la expresión de sentimientos, a aceptar al otro como es, les ayudará a desarrollar estrategias de afrontamiento adaptativas, a cuidarse y a cuidar a la pareja, a hacer planes y a NO centrar todos los esfuerzos en un único fin, la reproducción.

A nivel individual, con él o con ella, trabajará con emociones más concretas, ayudará a manejar sentimientos como la culpa, la ansiedad, el miedo, la angustia, la soledad y la frustración. Les enseñará a centrase en el presente, a tolerar la incertidumbre, a no dejarse arrastrar emocionalmente por predicciones negativas y a mantener una actitud positiva ante la vida y ante el proceso que viven.