Iniciando una nueva semana de confinamiento en casa, algo inimaginable antes de que todo empezase, supone claramente una situación excepcional en nuestras vidas. Una situación altamente generadora de tensión emocional en muchos casos, que puede hacernos sentir sobrepasados. Desde aquellos profesionales que están a pie de calle ofreciendo sus servicios día sí y día también, hasta los que deben permanecer en sus casas sin mantener contacto con el exterior más allá de lo imprescindible o las personas contagiadas que permanecen en hospitales o en total aislamiento. Son innumerables las situaciones a las que estamos siendo expuestos en tan poco tiempo y de manera tan inmediata, resultando incómoda e incluso desesperante en algunos casos, lo que puede afectar significativamente a nuestra salud psicológica.

Es normal sentir angustia, miedo, preocupación, tristeza, incertidumbre, estrés… ante una situación desconocida para todos como lo está siendo ésta. Sentir todo esto, es lógico e incluso llega a ser adaptativo, ya que nos hace tomar conciencia de la situación y tomar las medidas necesarias para reducir riesgos, tanto a nosotros como al resto de personas. Tenemos el derecho a sentir todo esto y no por ello, ser malo o ser un signo de debilidad. Sin embargo, aunque todas estas emociones sean naturales y puedan ir variando a lo largo de los días y semanas, si las descuidamos y no las tenemos en cuenta, pueden llegar a instalarse en nuestro estado de ánimo diario, de manera que nos generen un nivel elevado de malestar, interfiriendo en nuestro funcionamiento y afrontamiento de la situación.

Varias son las recomendaciones que debemos tener en cuenta con objeto de gestionar mejor nuestras emociones en esta situación y que se exponen de manera resumida a continuación, ya que han sido comentadas en artículos previos:

  • Obtener información de fuentes fiables (Ministerios de Sanidad, Organización Mundial de la Salud…) y evitar la sobreinformación (aumenta el alarmismo y favorece la propagación de noticias falsas).
  • Colaborar en el cumplimiento de medidas y no olvidar que se trata de una situación temporal.
  • Establecer rutina diaria y horarios: teletrabajo, horario de sueño y de comidas, hacer ejercicio físico, realizar tareas domésticas, tiempo de ocio…
  • Mantener el contacto con familia y amigos mediante llamadas telefónicas o videollamadas, evitando el aislamiento social.
  • Usar experiencias previas de situaciones que hemos vivido y afrontado y utilizar las estrategias que nos sirvieron para esa situación.
  • Ver la parte positiva: se comparten más actividades con la familia, se practican aficiones que en situación normal no se harían por falta de tiempo, aumenta la solidaridad entre las personas…

En gran parte de las ocasiones, llevando a cabo estas recomendaciones podremos seguir sobrellevando la situación actual, contando con todas esas emociones anteriormente nombradas, pero sin llegar a ser generadoras de gran malestar.

Sin embargo, también nos podemos encontrar con otros casos: personas que, a pesar de las pautas, se ven desbordadas hasta el punto de no poder gestionar sus emociones, impidiéndole afrontar la situación adecuadamente. Personas que han sufrido de primera mano las consecuencias de esta crisis sanitaria. Personas que ya tenían problemas antes de que comenzase esta situación pero que no se habían decidido a acudir a un profesional para recibir ayuda psicológica, lo que ha incrementado su problema y malestar a raíz de estas circunstancias. Personas que ya estaban llevando a cabo una intervención psicológica o psiquiátrica y que han decidido interrumpirla hasta el final de la crisis, corriendo el riesgo de producirse un empeoramiento o un retroceso en su tratamiento. O en el caso particular del personal sanitario, quienes además de sentir todo lo anterior, pueden sufrir a su vez una gran carga emocional derivada del contacto directo con el sufrimiento de personas contagiadas, posibles dilemas éticos…convirtiéndose en una población vulnerable de padecer problemas psicológicos.

En todos estos casos son muy frecuente pensamientos del tipo “voy a intentar llevar esto adelante yo solo, puedo con todo” “mis problemas psicológicos pueden esperar con todo lo que está pasando ahí fuera” “mis problemas de antes ahora mismo no me urgen tanto como para seguir las sesiones” “prefiero esperar a que sean las sesiones presenciales, no me gusta hacerlo delante de una cámara”…y miles de pensamientos que nos llevan a posponer o prescindir de la ayuda de un profesional cualificado.

Siempre es fundamental, pero ahora aún más si cabe, no dejar en un segundo plano nuestra salud mental, ya que al igual que tomamos precauciones para no contagiarnos y cuidar de nuestro estado físico, no podemos olvidar que nuestro bienestar psicológico es el que nos permite afrontar las dificultades y disfrutar de los momentos buenos de la vida.

Si bien bajo las circunstancias actuales esa ayuda no puede ser de manera presencial, contamos con los avances tecnológicos que hoy en día nos permiten mantener las intervenciones mediante el recurso de la videollamada. Es por ello que se aconseja y os animamos incansablemente a que mientras la normalidad va llegando poco a poco a nuestras vidas, no dejemos de pedir ayuda o de posponer aquello ya empezado.

Ahora más que nunca necesitamos el apoyo de nuestras familias, amigos, vecinos…pero tampoco olvidarnos de los profesionales que ahora y siempre pueden ayudarnos a manejar esos problemas que en momentos determinados de la vida se convierten en una pesada losa … recordad, ¡no estamos solos!