Son muchos los motivos que pueden llevar a una persona a solicitar tratamiento psicológico. En unos casos, el paciente acude a consulta porque sufre los síntomas de un determinado trastorno, es decir, experimenta ansiedad, depresión, obsesiones, fobias o cualquier otro síntoma que le causa malestar emocional y que limita su funcionamiento cotidiano. En otros casos, el paciente busca ayuda para intentar resolver «problemas de la vida» que no consigue resolver por sí mismo. Por ejemplo, el paciente busca soluciones para un problema laboral,  estrategias para mejorar el rendimiento académico, habilidades para mejorar su competencia social o técnicas para enfrentarse a los conflictos del día a día (desavenencias con la pareja o discusiones con los hijos). Por último, nos encontramos con personas que acuden a consulta porque no se sienten satisfechos con su vida, no se sienten “realizados” y demandan que el profesional les ayude a “crecer personalmente”, a ser la persona que les gustaría ser.

Sea cual sea la razón por la que una persona solicita ayuda psicológica, en muchos casos, las características del trastorno o del problema que se va a tratar, el tipo de personalidad del paciente o el momento concreto en el que éste se encuentra, hacen que, el tratamiento en grupo ofrezca más beneficios para el paciente que el tratamiento individual.

Terapia de grupo y trastorno o problema a tratar 

En relación al tipo de trastorno o problema a tratar (trastornos del estado de ánimo, trastornos de ansiedad, trastornos de la alimentación, problemas de interacción social) el tratamiento psicológico cognitivo-conductual en grupo, no solo ha demostrado ser una opción terapéutica con eficacia y eficiencia probada sino que incluso se considera una elección mejor que el tratamiento individual por varios motivos:

  1. El contexto grupal permite la aplicación de un tratamiento protocolizado en el que se pueden completar los objetivos terapéuticos en un plazo de tiempo limitado.
  2. La experiencia de formar parte de un grupo con unos objetivos en común refuerza la motivación de los participantes por el cambio.
  3. Los conocimientos y la experiencia que los miembros del grupo comparten ayudan a identificar los patrones de comportamiento desadaptativos que éstos presentan. Así mismo, favorece el desarrollo y puesta en práctica de estrategias más adaptativas.
  4. La descripción que el grupo hace del síndrome clínico que se está trabajando permite que el paciente haga una reatribución de sus síntomas: «lo que me ocurre a mí no es exclusivo de mi situación particular, es característico del cuadro que presento ».  

Terapia de grupo y características de personalidad del paciente 

Las características de personalidad del paciente también pueden contribuir a que éste obtenga más beneficios de la intervención en grupo que de la intervención individual. Veamos:

  1. En el trabajo en grupo los participantes pueden explorar su estilo de relación con los demás, recibir información sobre cómo están siendo percibidos por los demás y experimentar nuevas formas de relación. Pueden comparar las percepciones de sí mismos con las percepciones de los otros y decidir qué hacer con esa información.
  2. La terapia de grupo proporciona una muestra de la realidad cotidiana de los participantes, una reproducción a pequeña escala de su funcionamiento social y de su forma de enfrentarse a los conflictos del día a día. Como microcosmos de la sociedad el grupo se convierte en un interesante “laboratorio de pruebas” y contexto de aprendizaje.
  3. El grupo ofrece comprensión y apoyo, los participantes generan la sensación de pertenencia, aprenden a comportarse de forma íntima y atenta. En esta atmósfera protectora los participantes se sienten animados a explorar los problemas con los que llegaron al grupo y a experimentar conductas alternativas.

Terapia de grupo y necesidades específicas del momento en el que se encuentra el paciente 

Las necesidades específicas del momento vital en el que se encuentra el paciente también pueden hacer muy recomendable la intervención en grupo.

Por ejemplo, las características de la adolescencia (época de grandes preocupaciones y cambios, de dudas, de búsqueda de seguridad, de necesidad de aceptación, de conflictos) hacen que la terapia de grupo esté especialmente indicada en este periodo.

El grupo terapéutico ofrece a los adolescentes un espacio donde expresar sus sentimientos conflictivos, explorar las dudas sobre sí mismos y cuestionar sus valores. Favorece que los adolescentes acepten la ayuda puesto que procede de los iguales (no de los adultos), son los participantes en el grupo los que se ayudan mutuamente en el proceso de auto-conocimiento y cambio. 

Del mismo modo, en otras etapas de cambios vitales transcendentes como la jubilación, el abandono del hogar por parte de los hijos o pérdidas de personas significativas, la sensación de pertenencia a un grupo, la empatía y el apoyo mutuo pueden ayudar a las personas a afrontar los nuevos retos evolutivos, a salir del aislamiento y a encontrar la motivación suficiente para hallar un nuevo sentido a sus vidas.

De esta forma, las ventajas específicas que ofrece la intervención grupal (apoyo mutuo, toma de conciencia, aceptación de otros, consejo, identificación entre los miembros, etc.), hacen que esta opción terapéutica, de forma general, sea muy recomendable. Pero hay más, las particularidades de la persona que acude a consulta (su edad, sus rasgos de personalidad, el momento vital en el que se encuentra) o las características del problema o trastorno sobre el que se va a intervenir, hacen que, en algunos casos,  la intervención en grupo no sólo sea recomendable sino que se convierta en una opción más efectiva que el enfoque individual.

Por todo ello se puede afirmar sin lugar a dudas que la terapia de grupo es una terapia eficaz.